Club de Cultura Socialista José Aricó
  Coloquios 2001 : Prensa
 

*Crónica de los aspectos principales de las exposiciones desarrolladas en el 9º Coloquio del Club de Cultura Socialista, coauspiciado por la Fundación Friedrich Ebert y la Fundación Acción para la Comunidad . (Realizada por Edgardo Mocca. El material no fue revisado por ninguno de los expositores y queda bajo la exclusiva responsabilidad de su autor).

28 de junio: “Las coaliciones progresistas en el mundo globalizado”

DANILO ASTORI (senador nacional de Uruguay)

Es imposible comprender el Frente Amplio sin la historia de los partidos socialista y comunista del Uruguay y sin el antecedente de la política de los frentes populares que tuvo en la experiencia chilena sus momentos principales.

En 1971, la votación del Frente Amplio supera la suma aritmética de las parcialidades que lo componían. Aparece una “identidad frenteamplista”, votantes que apoyaban la coalición sin pertenecer a ninguno de sus integrantes.

Dos años después de su creación, en 1973, empieza un período de doce años de dictadura y proscripción para el frente.

El regreso a la democracia encuentra al Frente en un proceso de avance desde su corazón original hacia la apertura progresista. En 1996, ese proceso tiene un hito con la conformación del Encuentro Progresista.

El Frente es la única fuerza política del Uruguay que no ha parado de crecer desde su aparición. Desarrolla su tercer período de gestión local en Montevideo y se ha convertido desde las últimas elecciones generales en la principal fuerza electoral del país (la “mayor de las minorías”)

Hay seis aspectos en los que la izquierda viene, no sin contradicciones y obstáculos, renovando su discurso.

  • Un replanteo de la perspectiva sobre la relación entre estado y mercado, entre política y sociedad civil. Se supera el estatismo cerrado a favor de una revalorización del mercado y la sociedad civil.
  • La revalorización de la libertad individual y la democracia.
  • La idea de una reforma del estado alternativa a la que se ejecuta desde los postulados del neoliberalismo. Es necesario superar la contradicción “público-privado” por la de “competencia-monopolio”
  • La centralidad de la integración al mundo, empleando todas las posibilidades que se abran, pero desde el núcleo regional, el Mercosur.
  • Reconocimiento de la importancia de la política económica. El equilibrio fiscal, el control de la inflación, la productividad no son slogans de derecha sino condición para un gobierno eficaz.
  • Reforzamiento de la capacidad de gobierno: mucho más complejo que la enunciación de propuestas desde la oposición.

 

ROBERTO FREIRE (senador nacional de Brasil)

Hay que destacar la importancia de la cultura comunista en la izquierda de Brasil. El PC fue el único partido brasileño que permaneció desde su fundación.

Brasil no participa de la institucionalidad “europea” de países como Chile y Uruguay; su sistema político tiene más parecidos al de Estados Unidos.

La cultura socialista democrática carece de raíces sólidas en el país. Recién en la década del ´40 se forma el Partido Socialista. Esta ausencia de cultura de izquierda tradicional resulta una ventaja paradójica. Hoy la izquierda brasileña es, tal vez, la más fuerte de América Latina. Es, sin embargo, una cultura compleja y confusa. El PT, que tiene una enorme fuerza en los municipios del país, conserva visiones antiglobalizadoras que son antagónicas con la tradición de la izquierda. Esta última siempre vivió la internacionalización como una “aventura progresista de la humanidad”.

La palabra socialdemócrata tuvo siempre un sentido peyorativo en la política brasileña. El PPS es hijo de un proceso contemporáneo al de transformación del PCI en PDS. El esfuerzo estuvo y está puesto en no ser una izquierda que mira exclusivamente hacia atrás (algo de esto persiste, no sólo en Brasil, sino en otras izquierdas, como por ejemplo en Uruguay).

El gobierno de Fernando Henrique Cardoso puso en tensión a la izquierda. En ésta pesaba la falta de análisis de las nuevas realidades, de los nuevos modos productivos. Puede establecerse una analogía entre las reformas del Estado actuales y el proceso de creación de los estados nacionales.

Es muy importante el proceso de regionalización. No hay que olvidar la gravedad de los conflictos entre nuestros países en décadas anteriores. La integración tiene enemigos en la derecha y también en la izquierda.

El de FHC es el gobierno más reformista de la historia de Brasil. Desarmó la base del empresariado prebendalista respecto del Estado (es el caso de Magalhaes, recientemente derrotado, que construyó su emporio privado desde sus posiciones en el Ministerio de Comunicaciones). Se termina con los monopolios privados surgidos de las concesiones del Estado. Se privatiza la economía para hacer público el Estado.

El ejemplo europeo muestra que los partidos comunistas que resistieron la integración continental se redujeron a una mínima expresión. Nuestro camino a la integración pasa por el Mercosur; hay que evitar la dolarización de las monedas.

 

MICHAEL EHRKE (Fundación Friedrich Ebert, de Alemania)

Hay dos interrogantes respecto de las coaliciones progresistas: ¿cuáles son sus posibilidades de conquistar el poder? y ¿qué pueden hacer desde el poder?

El pensador alemán Ralf Dahrendorff construyó dos mitos: el siglo XX fue “el siglo socialdemócrata” y a fines de siglo se produjo “la muerte de la socialdemocracia”

La primera mitad del siglo tuvo poco que ver con un predominio de la socialdemocracia. Fue la época de las guerras y los totalitarismos. En la segunda mitad hubo un predominio electoral neoconservador. El triunfo de Blair es la primera ocasión en que el laborismo gana dos elecciones seguidas en Inglaterra; también en Alemania predominó el conservadurismo. De todos modos es cierto que aun los gobiernos conservadores respetaron el consenso ideológico alcanzado por la socialdemocracia. Pero fue un Estado social conservador, a la Bismarck.

Respecto de la muerte de la socialdemocracia había muchos motivos para suponer esa posibilidad. La disminución de la clase obrera (en Alemania hay más accionistas que obreros sindicalizados) y la imposibilidad de realizar políticas keynesianas señalan los problemas principales de la socialdemocracia. Sin embargo, de quince gobiernos de la Unión Europea, once son socialdemócratas.

¿Por qué sobrevivió la socialdemocracia? Porque muchos de los movimientos sociales surgidos en las décadas de los sesenta y setenta la fortalecieron, encontraron en la socialdemocracia su “patria política”. Son partidos más multicolores, que agregan demandas más heterogéneas.

Con la consigna de la “tercera vía” o del “nuevo centro”, los socialdemócratas encabezaron la modernización de sus países; aceptaron el capitalismo y el liberalismo sin el fundamentalismo de mercado.

El conservadorismo entra en crisis con los procesos de modernización. El neoliberalismo no sirve como política económica del conservadorismo porque éste tiene problemas con fenómenos tales como la inmigración: el país necesita mano de obra y el nacionalismo reaccionario entra en conflicto con esa necesidad. La socialdemocracia está a la cabeza de la integración europea, que ya es un sistema político y no solamente un mercado; los conservadores recelan de este proceso. Por eso las perspectivas progresistas de conquistar y conservar el poder son buenas.

Respecto de lo que se puede hacer desde el poder, existen fuertes limitaciones. Las hay en los contrapesos del sistema institucional (caso alemán) y las hay en el contexto internacional, debido a la importancia de variables, como la tasa de interés, que no pueden controlarse desde el gobierno. Los problemas de los límites de la soberanía estatal y la dependencia como producto del endeudamiento son todavía mayores en América Latina. En Europa existe además una frondosa legislación de la Unión que tiene preeminencia sobre las leyes nacionales.

Sin embargo el margen de maniobra no es cero. Los socialdemócratas tienen que repolitizar aquellas cuestiones que el pensamiento neoconservador pretende “objetivas”. Y la base de las posibilidades de transformación está en una fuerte sociedad civil.

 

JAIME GAZMURI (senador nacional de Chile)

Tres preguntas:

¿Cómo llegamos al gobierno?
¿Qué hemos hecho?
¿Qué tenemos que hacer?

La resistencia antidictatorial unió a las fuerzas del centro y la izquierda socialista que habían estado históricamente enfrentadas en Chile. Fuerzas que habían sido alternativas y contradictorias.

En la época de la dictadura se produjo el proceso de renovación socialista que consistió, básicamente, en unir la tradición socialista con las convicciones democráticas. La sede política de esta renovación fue el Partido Socialista.

Dos fueron los elementos constitutivos de la coalición: una épica democrática y la sensibilidad hacia la cuestión social. En el momento de asumir, Ailwyn presentó ante el Congreso lo que podríamos llamar el “manifiesto de la Concertación”. Postuló como objetivos de su gobierno los siguientes:

  • Verdad sobre el período de la dictadura
  • Democratización de la sociedad y el Estado chilenos.
  • Recuperación de la justicia social
  • Crecimiento económico y modernización
  • Apertura del país al mundo.

Hemos tenido éxito en todos estos campos. Sin embargo permanecen los dos grandes problemas a enfrentar: la desigualdad y la inseguridad. Hemos tenido éxitos en la lucha contra la pobreza. Pero menos en la lucha contra la desigualdad. Y la nuestra es una sociedad que vive un conjunto de inseguridades: el temor al otro (personificado en el delincuente), a la exclusión (básicamente a la pérdida del empleo o a no encontrarlo) y al sin sentido.

Tenemos que enfrentar un conjunto de problemas. Ciertamente hay que renovar la Constitución para remover las rémoras del autoritarismo. Pero eso no soluciona de por sí los déficit de participación social. La resolución de los problemas de la desigualdad es crucial porque eso es lo que nos distingue de las derechas. Al mismo tiempo necesitamos políticas públicas que apunten a garantizar seguridad.

Ciertamente la globalización afecta los márgenes de las políticas nacionales. Es una nueva fase mundial, irreversible y que tiene grandes peligros. Pero la oposición a ese proceso está condenada al fracaso. Si bien no hay margen para el keynesianismo, la distribución de la riqueza puede y debe ser objeto de políticas públicas.

En cuanto a la integración, necesitamos fortalecer su institucionalidad política. No se puede seguir resolviendo los problemas de la región con llamadas telefónicas de urgencia. El internacionalismo de la izquierda es genético, especialmente para aquella de tradición marxista. En la globalización hay una promesa que se puede desarrollar si hacemos política. Y la política debe ser también global.

 

29 de junio: La Coalición Progresista en la Argentina Actual

JUAN CARLOS PORTANTIERO (presidente del Club de Cultura Socialista José Aricó)

Estamos obligados a cotejar las expectativas y el desempeño real de la Alianza. Hubo una promesa central en torno al cambio de eje político en la Argentina. Como coalición política, la Alianza corresponde a una tendencia del mundo actual que parece funcional a la solución de los dilemas del sistema político. Existía el auspicio no solamente de alternancia sino también de alternativa.

¿Cuáles eran las promesas?
Quebrar la prolongada curva de la recesión
Comenzar a pagar la deuda social
Recuperar las instituciones republicanas y enfrentar la corrupción.

En ninguno de esos terrenos podemos alborozarnos por los resultados. Sigue la recesión. La desigualdad persiste y se agudiza. En materia de corrupción hay cambios pero no suficientemente vigorosos. Por eso podemos hablar de la sensación de un final de época. Tenemos una crisis económica sin instrumentos para enfrentarla, una crisis social y una crisis política.

La crisis política no es solamente del gobierno sino también de la oposición. No se trata de que los legisladores cobren sueldos muy altos. No es un problema exclusivamente vinculado a la legislación sobre el régimen electoral o al financiamiento de los partidos. Todos estos aspectos son importantes pero secundarios respecto de lo central: la incapacidad de la política para fijar metas. Hay una crisis de discurso, un movimiento hacia la deriva.

La Alianza no ha estado a la altura de las expectativas. Hoy asistimos a la conformación de una nueva coalición que tiene en su centro al ministro de economía. Los partidos de la alianza original, la UCR y el Frepaso han sido desplazados. Sin embargo lo más grave es que esta nueva coalición es tan inestable como la anterior y no atina a encontrar soluciones.

Por eso la pregunta que me formulo y formulo a los dos importantes dirigentes que nos acompañan son:

¿La Argentina no tiene salida?
¿Queda tiempo para reconstruir la coalición?
¿Habría que ampliarla? ¿Con quiénes?

 

ANIBAL IBARRA (Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires)

Frente al fenómeno de la globalización, como frente a cada cambio de época, hay enfoques progresistas y conservadores. No se cumplió la profecía respecto de la desaparición de las fronteras nacionales y su reemplazo por fronteras virtuales. Los países conservan importancia y márgenes para su accionar. No es igual, por lo tanto, reconocer a la globalización y aceptar la ideología predominante con la que aparece recubierta. Es decir, existe la posibilidad de correr los límites de lo posible aun en el contexto de la globalización. Para eso conviene preguntarse ¿qué es ser progresista hoy?

El futuro de las coaliciones progresistas está muy vinculado a los resultados de su gestión como gobierno. Hay que derrotar el mito del monopolio de la derecha en materia de eficacia de gestión. Hoy tenemos experiencia de fuerzas progresistas gobernando exitosamente en América Latina. Es la recuperación de la voluntad de poder como herramienta de transformación. Y en este contexto las coaliciones son importantes instrumentos de gobierno.

Los objetivos ineludibles para un gobierno de coalición progresista son la transparencia y la reducción de las desigualdades. Es posible lograr éxitos en materia de redistribución y es necesario esquivar los consejos de los “progresistas” que no quieren asumir responsabilidades de gobierno. Es necesario, por ejemplo, articular una propuesta sobre la seguridad y no regalarle este terreno a la derecha, como históricamente ha ocurrido.

La Alianza ha sufrido la ausencia de una cultura de coalición. Es la unidad de un partido como la UCR renuente a las coaliciones con una fuerza demasiado joven como el Frepaso. Desde el principio surgieron fuertes desafíos a la capacidad de la coalición que no fueron correctamente manejadas. La renuncia de Chacho Álvarez fue un punto de inflexión. La crisis no perjudicó solamente a Chacho, debilitó a todo el gobierno. La última reorganización y el ascenso de Cavallo aparecen como último recurso para frenar una caída sin fin.

Sin embargo, sigue existiendo un espacio y un potencial para una coalición progresista. En la ciudad de Buenos Aires se contuvo a la Alianza. No se tiraron por la borda los compromisos electorales. Aunque la coyuntura electoral pueda separar ocasionalmente a los componentes de este espacio, no hay que “barajar y dar de nuevo”. Hay que partir de los espacios consolidados, de los sitios institucionales en los que se actúa en común, para desde allí conformar la coalición.

 

FEDERICO STORANI (ex ministro del Interior y presidente de la UCR de la provincia de Buenos Aires)

La Alianza es la primera experiencia de coalición real gobernando. Es una coalición de coaliciones. Antes habíamos asistido a una política de frentes claramente hegemonizadas por una de sus fuerzas, el peronismo. El Frepaso es en sí mismo una coalición y la UCR venía de una historia de identificación equivocada entre intransigencia e individualidad partidaria.

El antecedente de la Alianza es la reunión de El Molino en 1994. Aquella experiencia fue positiva en la medida en que daba lugar a un acercamiento transversal en busca de denominadores comunes. Pero tenía el signo de ser un acto de reacción (contra el pacto de Olivos) más que una iniciativa sostenida en convicciones propias. El pacto era básicamente la reelección de Menem. Y eso era la prolongación de un modo de ejercicio del poder hegemónico y con tendencias autoritarias: eso no se corrige con leyes ni reformas constitucionales.

Por otro lado la Alianza fue la respuesta a “otra alianza”. El menemismo transformó al peronismo: fue la concentración económica, las privatizaciones salvajes (Aerolíneas, por ejemplo), la burocracia sindical asociada a los grandes negocios, el apoyo ideológico de la derecha conservadora (la familia Alsogaray vio cumplido un sueño que le fue inaccesible por la vía de las elecciones).

Era el liberalismo conservador con estilo autoritario. La coalición histórica de nuestro país sin la necesidad de golpe de estado.

La Alianza tenía un objetivo prioritario: equilibrar y controlar el poder. Era la lucha por evitar la consolidación de un modelo de partido hegemónico. Aunque fuera solamente por eso, la Alianza ya tiene una justificación histórica. No olvidemos el operativo re-reeleccionista de Menem que ya contaba con pronunciamientos favorables como los del juez Bustos Fierro.

Pero la alternancia no era todo el objetivo. El propósito era ser alternativa. Y en este punto hay muchas asignaturas pendientes. Y existe la posibilidad de reconstruir.

La Alianza tuvo que soportar desde el inicio condicionamientos institucionales severos. Es decir la gobernabilidad, entendida como las condiciones mínimas para desarrollar la función de gobierno, era un objetivo prioritario. La oposición tiene casi los dos tercios del Senado; la Alianza es primera minoría en Diputados, sin quórum propio. El poder Judicial, que no debería ser contado como parte de la relación de fuerzas políticas, había jugado un papel nada independiente durante el gobierno anterior. Además, la oposición gobierna 17 provincias, entre ellas las tres más importantes: Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Se consiguió la gobernabilidad por medio de la negociación.

Por otro lado, el condicionamiento económico social llevó a bajar los brazos del espíritu transformador.

No pueden ignorarse los logros en materia de transparencia. Antes de la crisis del Senado, solamente el 12% de los argentinos manifestaba preocupación por el tema de la corrupción. Éste era un corte muy valorable. La crisis del Senado desdibujó este logro. Pero también hay que decir que el mito de la gobernabilidad obtenida a cambio de impunidad ha sufrido un duro golpe con el caso del tráfico de armas y con el papel que jugó en él la Oficina Anticorrupción. Además hay un clima cultural para la investigación de la corrupción que no existía durante el gobierno anterior.

Significa que hay un tramo recorrido. Pero falta la mayor parte. Una de las complicaciones que hay que abordar es la dispersión de la oposición; en su interior hay un sector sindical que plantea una guerra contra el gobierno y que ha superado los récords históricos de medidas de fuerza en este breve lapso de gestión.

En el origen de la Alianza hubo diferentes concepciones. Estaban quienes la pensaban como proyecto estratégico y quienes la veían como instrumento electoral. Alrededor del presidente hay un “círculo chico” que pretendió crear a partir de De la Rúa un liderazgo carismático. Y esto es un error porque, aunque no dudo de las cualidades intelectuales y políticas del presidente, su liderazgo no puede ser carismático. Se pretendió, entonces, resolver las crisis de mayo de 2000 y de octubre pasado en nombre de la autoridad presidencial. Y se terminaron modificando drásticamente las decisiones, veinticuatro horas después de tomadas. Pero hay un “segundo círculo”. En este caso no es el liderazgo carismático lo que preocupa sino la continuidad de un modelo económico anclado en la primacía del sector financiero.

Los cambios de mayo quedaron a mitad de camino: no es la Alianza original ni es un gobierno de unidad nacional. Se rompió el proyecto original y no hay un nuevo proyecto.

¿Está vigente el proyecto de unidad? ¿Se puede construir a partir de lo mismo? Se puede partir de las mismas fuerzas políticas. Pero no de los mismos actores. Hubo quienes no estuvieron a la altura de las circunstancias. Y hay un importante plantel de dirigentes de la Alianza, entre ellos intendentes de la provincia de Buenos Aires y de otros lugares.

Hace falta una nueva convocatoria. No está en juego solamente el destino de una coalición sino todo el equilibrio institucional. Es necesario apuntalar al gobierno enfrentando la aventura de las elecciones anticipadas. Pero el gobierno debe dejarse apuntalar. Es necesario ensayar un camino más audaz que nos saque del esquema en el que estamos aprisionados.

Algunos ejes programáticos podrían ser:

Redefinir el vínculo entre la Nación y sus provincias, desarrollando un proceso de regionalización.

Avanzar con la reforma política; no es el problema principal pero otorgaría una mayor legitimidad a los actores políticos.

Reforzar el proceso de integración regional (dicho sea de paso, la posición de Cavallo en este punto debería convencer a quienes proponían abrir las listas para el partido del ministro)

A partir de este rumbo puede relanzarse la Alianza por medio de un diálogo en el que nadie quede sometido a la voluntad del otro. La oposición no aparece como alternativa. La recuperación de la Alianza sería un camino para evitar el desencanto de la sociedad con la política

 
Ultima actualización:
Lunes 15 de enero de 2007

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