La credibilidad de las instituciones políticas requiere de consenso o de decisión?

Isidoro Cheresky

1- La denuncia sobre pagos efectuados a algunos senadores para votar favorablemente la ley de reforma laboral no se ha constatado pero es considerada verosímil. Una parte importante de la opinión pública parece dar por acreditado los hechos pues las versiones se acomodarían a la conducta probable o esperada
de los actores. Tiene un estatuto de verosimilitud política como lo tuvo en su momento el pacto militar sindical denunciado por Alfonsin antes de las elecciones que lo consagraran presidente. Esta verosimilitud esta reforzada por al reacción de algunos dirigentes políticos que promovieron su tratamiento : Cafiero el denunciante que parece haber ido mas lejos, Alfonsín y Chacho Alvarez.

Esta verosimilitud, negada por otros, da cuenta de una sospecha o aún descrédito en la sociedad de los representantes políticos y constituye un factor de por si problemático para la vida política. Como podría aceptarse la autoridad de los representantes y en particular aquellos llamados a sancionar leyes y como sus actos serían considerados válidos y respetados, si sus motivaciones podrían ser espúreas ?

Estas sospechas sobre la clase política en general tiene como fondo un cuestionamiento y desconfianza en la representación política que esta bastante extendido en las sociedades occidentales y en particular en las nuevas democracias latinoamearicanas. Pero, en Argentina, los trascendidos permanentes y algunos hechos constatados sobre las prácticas políticas han instalado la certeza de que ciertas prácticas de desvío de fondos públicos para alimentar la vida política han sido efectuados y aceptados e incluso el reconocimiento de estas prácticas – hechas célebres bajo el gobierno de Menem con la expresión atribuida a quienes practicaban esos desvíos de “robo para la Corona”- esta en la base de los proyectos de reforma política actualmente en discusión ( en particular los referidos al financiamiento de los partidos políticos ). También es conocida una concepción de la negociación entre representantes parlamentarios y partidarios llamada “scambio político” consistente en canjear el voto por tal o cuál proyecto de ley por el voto por otro ue interesa a la contraparte o por algún tipo de prebenda. En el caso sospechado se sostuvo ya en su momento que los senadores negociaron, entre bambalinas por supuesto, la atribución de “planes trabajar” o de aportes del tesoro nacional para sus provincias a cambio de su voto. De modo, que la creencia que se pudo haber sobornado a senadores proviene no solo de la sospecha de hechos análogos acaecidos en el pasado y del procesamiento a varios funcionarios del gobierno anterior por apropiación de dineros públicos, sino de prácticas mas ampliamente reconocidas. El soborno constituiría por supuesto un salto respecto a prácticas ilegítimas de finalidad no personal o no directamente personal ( la provisión de las arcas partidarias, o los fondos con destino local) hacia una finalidad exclusivamente privada ( engrosar el patrimonio individual). La moralidad política esta dañada y en consecuencia están afectadas las instituciones y la convicción sobre los eventuales sobornos a senadores no es desde ese punto de vista sino un síntoma de la situación de descredito en que se halla la representación política.

2- ¿ Como remontar la grave lesión institucional que estos hechos aparejan ?Por supuesto investigándolos en primer lugar. Existen ciertos dipositivos institucionales que se han puesto en marcha aunque algunos de ellos han sido también sospechados en el pasado de no actuar en concordancia con el interés
público.

Pero no se trata tan solo de la eficacia de las instituciones sino de las costumbres políticas. En este affaire como en otros, la corrupción ( ya sea la de haber efectivizado coimas o la de haber efectuado falsas imputaciones) puede prosperar porque a la inmoralidad de quiénes participan en ella suele sumarse la connivencia de quiénes por espíritu de cuerpo o de facción o por una amistad privada que prevalece por sobre el interés público, saben y callan.

Hace falta coraje cívico y coraje político para superar las complicidades que hacen obstáculo a la recuperación institucional. Un ejemplo significativo y esperanzador lo constituyó en su momento la posición autocrítica adoptada por el alto mando del ejército seguido por los mandos de las otras fuerzas respecto a los crímenes llevados a cabo bajo la dictadura militar de los 70, que de algún modo ha alentado a que se haga aunque muy parcialmente justicia con los niños nacidos en cautividad.

Si efectivamente se trata de producir una profunda renovación política, aquellos que crean en ella y tienen responsabilidades públicas tienen ahora la posibilidad de dividir aguas. Se ha hablado mucho de consenso ante la crisis económica y ante las dificultades políticas y efectivamente deberá alcanzarse en algún momento un consenso que nos haga sentir que pisamos un suelo cívico firme. Pero para llegar a él es necesario tener el coraje de la ruptura con las lealtades privadas que se instalan por sobre el espíritu público, sin lo cuál el consenso es visto como la resignación y continuidad de las prácticas corruptas. Hoy esta a la orden del día el develamiento de la corrupción política, pero también esta en la agenda inmediata el reordenamiento de la economía que requerirá enfrentar a los poderosos evasores y a quiénes quieren fundar su prosperidad sobre una creciente injusticia social.

3- En este caso como en otros los periodistas y los medios de comunicación han jugado un rol decisivo al llevar al plano público los trascendidos de los corredores ministeriales y legislativos. Misión riesgosa por cierto, porque hace falta mucha responsabilidad para tener el equilibrio que evite caer en el sensacionalismo denigratorio pero también para no vacilar en correr los riesgos de la enemistad y otros peligros conexos al dar estado público a lo que es admitido por quiénes tienen poder o participan de él.

Ese rol de los periodistas activa una opinión pública que no esta sin duda desprovista de prejuicios y debilidades pero constituye el protagonista princial del escenario, del que podemos esperar una función reguladora de la vida pública sobre todo cuando su actividad esta alimentada por la investigación responsable de los periodistas, las iniciativas de los políticos renovadores y los intelectuales críticos. Si en el pasado reciente la tentativa de burlar las cláusulas constitucionales a través de una reelección reiterada del Presidente fracasó, cuando el juicio de muchos magistrados y dirigentes políticos parecía proclive a la irresponsabilidad cívica, fue gracias a que el pronunciamiento reiterado de la ciudadanía puso coto a lo que las instituciones parecían no poder frenar.

De modo que la preservación de las instituciones no provendrá seguramente de una disimulación de los hechos ni de una resignación frente a la convicción de prácticas difíciles de constatar, tentación a la que pueden ser proclives algunos dirigentes ajenos a las prácticas denunciadas pero temerosos del escándalo institucional sino de la reanudación de un lazo con las corrientes moralizadoras y legalistas de la sociedad.

Otras sociedades democráticas – entre ellas la Italia de mani pulite – salieron renovadas de crisis análogas en la medida que hubo actores que actuaron decididamente en el sentido refundar el republicanismo. ¿ Existen en nuestro país energías equivalentes ?

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