Los responsables de la crisis de la UBA

LOS RESPONSABLES DE LA CRISIS DE LA UBA

Entrevista a Emilio de Ípola realizada por Verónica Raimondi para DEBATE, No. 162, 20/04/06

Emilio De Ípola es uno de los sociólogos más lúcidos de Latinoamérica, profesor de la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires, investigador principal del CONICET y del Instituto Gino Germani. Con la ironía que habla tanto de su inteligencia como de su vocación provocadora, analiza el conflicto que montó un grupo de estudiantes para evitar la elección del Rector de la UBA. Este escenario, reflexiona, “evitar reconocer” la crisis que atraviesa la propia Federación Universitaria de Buenos Aires. A pesar de ello, cree que la principal responsabilidad es de un grupo de profesores para los que la universidad es “un botín, un lugar de poder del cuál hay que apropiarse”. Ante eso, sostiene que “las instituciones democráticas deben defenderse, deben limitar hasta cierto punto estas presiones”

¿Lo que está sucediendo es parte del mismo proceso que comenzó con la toma del Rectorado y los problemas en Sociología en el 2002?

Existe por cierto un crescendo entre los dos momentos. El escrache a un decano, las intimidaciones a alumnos para que apoyen tal o cual posición, la ocupación del Rectorado, el hecho inconcebible de que, para poder hablar en el Consejo Directivo, un Consejero profesor tenía que pedir permiso al jefe de la barra que oficiaba de publico fueron precedentes de lo que finalmente culminó en esta ultima acción. De todas formas, se trata de una manifestación parcial que remite a una situación más amplia y compleja, vigente en la Universidad desde hace ya casi dos décadas. Y que tiene, entre otras, consecuencias tales como la de que un grupo de individuos burlándose de toda legalidad y de toda legitimidad decide impedir sea como sea el funcionamiento de la Asamblea Universitaria , simplemente porque el candidato que se supone que va a ganar no goza de sus simpatías. Este me parece un punto culminante de un proceso que no carece de precedentes análogos, aunque de menor envergadura.

¿El grupo de estudiantes que impidió la asamblea es una nueva forma de organización disociadas de la institución?

No se trata en mi opinión de nuevas formas de organización “autónomas” porque lo que esos grupos plantean afecta a la dirección y a la gestión internas de la Universidad : se busca a cualquier costo –incluida la violencia- que se realicen ciertas modificaciones (las que ellos quieren y no otras) en la Universidad , al precio del uso de la prepotencia y el patoteo. Aquí quisiera aclarar un punto que juzgo importante: habitualmente se atribuye a los estudiantes que militan en agrupaciones de extrema izquierda la principal responsabilidad de estos actos. Pero tal responsabilidad debe en mi opinión ser atribuida, en realidad, a un conjunto –minoritario pero muy activo- de profesores y graduados, que lejos de contribuir a la formación intelectual de los estudiantes, dialogando, coincidiendo pero también debatiendo con ellos y oponiéndose a las opciones de aquéllos que juzgan erradas, no vacilan en hacer suyas e incluso en radicalizar esas opciones. De este modo, obstaculizan el desarrollo intelectual y la maduración de los jóvenes (que sólo pueden ser logradas en diálogo y también en conflicto con los mayores). Nostálgicos quizás de un pasado y de fantasías revolucionarias a las que todavía se aferran se pliegan a las posiciones más extremas de los alumnos, incluso a menudo las encabezan y hasta les dan un barniz teórico para tornarlas, sin éxito, presentables. Creo que esos profesores son los principales responsables de la actual crisis. De todos modos, para la mayoría de ellos, la universidad ya no es un lugar donde se aprende, se investiga y se formulan planes de estudio, sino simplemente un botín, un lugar de poder del cual buscan apropiarse.

¿Este tipo de acciones tiene un correlato en la sociedad cuando una asamblea de 30 personas se adjudica la representatividad de la voluntad de 80 mil vecinos, incluso por encima de la legitimidad de un gobernador que fue elegido por el voto popular?

En efecto, existen puntos en común con esa situación. De todos modos, debe quedar claro que no quiero incurrir en una suerte de reglamentarismo a ultranza, por la sencilla razón de que existen situaciones en las cuales no hay canales institucionales de protesta: es el caso de los desocupados, de quienes se mueren de hambre y no logran hacerse oír, de los excluidos. En ese caso, es lógico que sus demandas se traduzcan en iniciativas no institucionales, en marchas, en ocupaciones, en cortes de rutas y en algunas acciones que orillan y violan –dentro de límites tolerables- una legalidad que no los contempla. En ese caso los comprendo, los justifico y los apoyo. Pero no es caso de la Universidad donde existen instituciones democráticas en cuyo interior todos los claustros están representados y participan.

Acá entonces existen los canales institucionales…

Existen canales institucionales, hay representantes estudiantiles, y profesorales y graduados. Por eso, en este caso la ilegalidad y el accionar violento no se justifican de ninguna manera ni pueden asimilarse a las formas de protestas apartadas, por las razones expuestas de los marcos institucionales. Opino que las instituciones democráticas deben saber defenderse, deben saber neutralizar esas presiones patoteriles, aunque también comprendo que quieran hacerlo de manera no violenta. De hecho, estas situaciones tienden inevitablemente a prolongarse en el tiempo, porque se trata de evitar que desemboquen en consecuencias no queridas de violencia –con graves consecuencias- como ha sucedido en otros momentos. No se trata pues de ser institucionalista a ultranza. A veces se acusa a los de mi generación de defender un institucionalismo sin concesiones. Es una acusación falsa, pero explicable: con el retorno de la democracia fue necesario recrear instituciones republicanas, pluralistas. No soy “movimientista”, pero tampoco creo que todo deba hacerse respetando punto por punto y al pie de la letra la ley. Al contrario, creo que es bueno para la democracia que se busque extender ciertos derechos ignorados por la ley vigente y que para ello no haya otro camino que actuar, sin excesos ni violencia, en los márgenes de la legalidad.

Hoy la FUBA argumenta falta de representatividad de la Asamblea.. .

Yo creo que hay más bien una crisis de representatividad de la propia FUBA, porque en este momento, el movimiento mismo no tine a resquebrajarse. Hay un movimiento duro que quiere impedir la elección, pero ha surgido otro que apoya la realización de la Asamblea , propone un candidato y busca así una salida más racional. Es éste un hecho eminentemente positivo, nos guste el candidato o no. Los otros no quieren saber nada: son sectarios e intransigentes, imitan el accionar piquetero, aun sabiendo que se trata de dos situaciones absolutamente diferentes. En principio, no están disputando por el pan de todos los días sino por posiciones de poder. Yo respeto y hasta reverencio las organizaciones de los estudiantes, las agrupaciones, cualquiera sea su posición política. El problema no es que tengan ni que manifiesten sus opiniones. El problema comienza cuando desconocen ciertos límites y -junto con otros que carecen de esos ideales pero no de la avidez de poder- se embarcan en acciones antidemocráticas, en provocaciones y en iniciativas violentas.

¿Entonces esta puesta en escena del conflicto que hace la FUBA esconde un debate más profundo?

Simplemente, está escondiendo la crisis de la misma FUBA y del movimiento estudiantil. La dirección de la FUBA no hace lugar a ningún aporte crítico, ni a un debate abierto, ni a una discusión pluralista. El hecho de que la FUBA no llame a elecciones, ni a una asamblea democrática, muestra con creces los reflejos autoritarios que la habitan. Es eso lo que están ocultando o tratando de ocultar.

¿Que modelo de universidad propone el grupo más duro de la FUBA ?

Estos grupos carecen de un programa viable y de planes de estudio concretos para la Universidad. Eso no les interesa. En Ciencias Sociales cuando se les preguntaba qué querían cambiar, contestaban vaguedades tales como “hay que leer un poco más a Gramsci y a Trotski”. Un Jefe de Trabajos Prácticos declaró que a Marx se lo veía sólo “fragmentariamente”, como si ignorara que lo mismo sucede, por razones comprensibles, con todos los grandes sociólogos. Por lo demás nada impide que los estudiantes interesados vayan más allá de las lecturas obligatorias: ningún profesor, ninguna ordenanza puede impedirles estudiar lo que desean. De todas maneras todas estas cosas son también manifestación de una crisis de dirección y de gestión, que fue desarrollándose bajo el rectorado de Shuberoff y consolidándose con la alianza Shuberoff-Franja Morada. En un comienzo, Franja Morada era una agrupación progresista, democrática, amiga de los profesores, que se ocupaba con eficacia de los problemas estudiantiles. Pero, reconocido esto, hay que agregar que a medida que se fue acercando a las orillas del poder, se fue tornando arribista y corrupta. La autoridad universitaria no pudo y sobre todo no quiso frenar ese proceso, del que ella misma formaba parte.

¿Jaim Etcheverry cambió eso o sólo administró prudentemente esa situación?

Jaim procuró hacer una gestión decente. Sin embargo, tal como él mismo lo reconoce, no logró avanzar a la velocidad necesaria para que se notara un gran cambio. Por ese motivo pide permanecer un período más. Mejoró la imagen de la Universidad , tomó medidas positivas, pero evidentemente no tuvo el tiempo ni los medios para eliminar lo mecanismos que afectaban negativamente el funcionamiento eficaz y honesto de la UBA.

Se realiza la elección?

Hoy, lunes 17, no lo sé…

¿Y si se elige, el nuevo rector tendrá la suficiente legitimidad para cambiar las cosas o solo funcionará como una transición?

Puede ser durante un período ocurran cimbronazos, pero finalmente las cosas van a retomar su cauce normal. Por eso decía antes que esta violencia es una expresión parcial. Porque de cualquier manera hay en nuestra universidad gente que estudia, se interesa, investiga. La UBA sigue siendo la Universidad más importante de América Latina. Es la única que tiene Premios Nóbel en Ciencia, y, con un magro presupuesto sigue produciendo en un alto nivel. Ha mantenido un cierto espíritu, no digo un “apostolado”, pero sí un espíritu de dedicación no exento de componentes de afecto, que permite que haya gente que se dedica, estudiantes que dialogan con los profesores, que quieren conocer, investigar, descubrir. Y eso hace que produzcan y que se publiquen trabajos de primer nivel, surgidos de la universidad. Basta para no perder las esperanzas, ¿no?

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