Club de Cultura Socialista José Aricó
  Anexo a la Declaración de Principios (Fragmentos)
 

I. A nueve años de su creación, el Club de Cultura Socialista José Aricó ha considerado necesario volver sobre las premisas que le dieron identidad e impulso como institución. En el tiempo transcurrido desde 1984 nuestro Club se ha esforzado por mantenerse fiel a su proyecto original: contribuir a la renovación de la cultura de izquierda, reuniendo a quienes quieran pensar, colectivamente y con espíritu pluralista, sobre los problemas políticos, sociales y culturales de la Argentina y los de la sociedad contemporánea en general. (…)

Pero estos nueve años han acarreado también cambios, en la Argentina y en el mundo, que afectaron el proyecto original del Club de Cultura Socialista (…).

Como toda institución que logra implantarse, la nuestra engendró también costumbres y rutinas en su funcionamiento. Y si las alteraciones importantes que sufría la escena nacional e internacional llevaban a que el Club repensara sus premisas y aun su funcionamiento en el nuevo contexto, la inercia de las costumbres tendía a disimular esa necesidad. La muerte de José Aricó, una figura no sólo central sino aglutinante del Club, prorrogó la hora de reabrir la discusión sobre el sentido de nuestra institución pues, como era natural, todos nos sentimos entonces impulsados a privilegiar la unidad y la cohesión. Sin embargo, con el paso del tiempo corríamos el riesgo de que la sola rutina impusiera su fuerza y que, en el marco de un clima nacional inhóspito para la cultura progresista, el Club terminara por asemejarse a un centro de tertulias sin otro vínculo que no fuera residual con su nombre y su Declaración de Principios. Se hacía imprescindible, en suma, recuperar la iniciativa. (…)

II. (…) Quizás uno de los aspectos más valiosos y permanentes de los que hacen a la identidad del Club haya residido en ese particular sentido de los problemas de que pudo hacer gala en sus casi diez años de existencia y que, a la vez que marcó una neta ruptura con el discurso de la izquierda arcaica, hizo posible que nuestra reflexión pudiese internarse por carriles innovadores y poner sobre la mesa de discusión tópicos nunca abordados por el conjunto de nuestras izquierdas.

Sin embargo, en el transcurso de esos mismos años, el mundo ha sido teatro de inéditas transformaciones políticas. Si, por un lado, la caída de los regímenes del Este europeo y el desmoronamiento del imperio soviético pudieron ser percibidos como hechos alentadores que, al tiempo que anunciaban la crisis terminal y quizás definitiva de los totalitarismos de raíz occidental, alejaban el peligro del holocausto nuclear y abrían el camino a la expansión de la idea democrática en el mundo; por el otro, los acontecimientos posteriores a esos hechos (resurgimiento de nacionalismos, guerras civiles, como la que asola hoy a la ex-Yugoslavia, y hasta conatos de golpes de estado militares) echan hoy sombras sobre esas optimistas expectativas. Por su parte, ¿qué han ofrecido como contrapartida las sociedades occidentales desarrolladas? El espectáculo de una declinación creciente de la participación política y del interés en los asuntos públicos, declinación que ha debilitado la posibilidad de cuestionamientos globales en el mismo momento en que la dinámica capitalista de la economía no reduce las distancias sociales, la pobreza y las exclusiones de diferente orden, sino que, por el contrario, las incrementa. Lo que parece ser el agotamiento de las experiencias social-demócratas en Europa Occidental pertenece, igualmente, a la serie de fenómenos relevantes de este período.

Más allá de las distancias tomadas respecto de los regímenes comunistas, la confluencia entre el derrumbe de estos últimos y la crisis de las social-democracias no puede menos que plantearnos graves interrogantes que afectan directamente a los ideales que hemos sostenido, a las posiciones en que nos situamos, a los compromisos y expectativas que asumimos, en suma, al conjunto de valores, ideas, proyectos y esperanzas que definen nuestra identidad política.

En este caso también… el Club debe saber operar con firmeza los clivajes que se impongan y abrir sin temor las compuertas necesarias de modo tal de promover un debate lo más exigente y lo más incisivo posible. (…)

(…) En un contexto que, aunque amplio, nos es más cercano por su repercusión directa sobre la realidad argentina, nos toca hacer frente hoy a un reto histórico en el que nuevamente se pone en juego nuestra capacidad para captar el sentido de los cambios ocurridos y para extraer los corolarios que se impongan respecto de nuestras definiciones políticas (…).Hoy advertimos -sobre todo a partir del colapso del comunismo y de la grave crisis de la socialdemocracia, ya mencionados- lo que no estaba claro hace una década, a saber, que la transición a la democracia era un capítulo, fundamental por cierto, pero sólo un capítulo de un complejo proceso de transiciones. En pocas palabras: si una dirección del tránsito debía desembarazarnos del autoritarismo, otra, precedida en el caso argentino por una quiebra del sistema económico que se tradujo en una incontrolable crisis hiperinflacionaria, debía poner en marcha un conjunto de iniciativas susceptibles de reorientar la economía argentina a las nuevas condiciones de la economía mundial y a los nuevos equilibrios políticos internacionales. El hecho de que esa reorientación se haya efectuado en la Argentina, como en otros países de la región y del mundo, a través de la aplicación de una violenta política de ajuste que ha conllevado graves consecuencias sociales; el que, por otra parte, esa política haya sido acompañada por una sobreactuada fetichización del mercado erigido en nueva panacea de nuestros males, por una desmedida concentración de la autoridad en el Ejecutivo en desmedro de los otros poderes del Estado y, como consecuencia, por una pronunciada degradación de la institucionalidad democrática: todo ello puede y debe ser objeto, por parte de los sectores progresistas, de una crítica sin concesiones. Pero, también en este caso, hace a nuestra sensibilidad política saber trazar las necesarias divisorias de aguas respecto no sólo de esos aspectos repudiables de las políticas oficiales sino también de toda fantasía de retorno a los viejos modelos populistas de gestión estatal de la economía. (…) El problema consiste en definir con la mayor claridad el marco global en que nos incluimos. En tal sentido, saber qué es lo que nos diferencia en este punto de las otras corrientes de la izquierda y del progresismo es tan importante como saber qué es lo que nos diferencia de la política del gobierno.

III. (…) Al definirse como institución político-cultural, el Club se propone alimentar un debate público sin pretender transformarse en un actor directamente político. Tal definición supone una apertura a los grandes interrogantes políticos, sociales y culturales de nuestra época, con el propósito de reflexionar en torno a ellos. Pero también supone una vocación más activa de actuar como operador cultural en la elaboración de una agenda progresista en la Argentina.

(…) Debemos asumir que el Club reviste una doble naturaleza: la dimensión político-institucional está acompañada de una dimensión comunitaria (…). Sin la estima y el reconocimiento que ella brinda no podríamos vivir en la escena de la diferenciación y conflicto que procuramos mantener y recrear para que haya vida política entre nosotros. Pero el abandonarse enteramente a la tendencia comunitaria conduce a la improductividad y la autocomplacencia. Debemos ser conscientes de que una institución con una fuerte red de lazos primarios como la nuestra, la politización es una obra de voluntad a contra corriente de esas tendencias espontáneas.

IV. En resumen: si queremos reavivar aquella vocación de reflexión y de crítica, de intervención y de innovación en la discusión político-cultural argentina, que caracterizó desde sus orígenes al Club de Cultura Socialista, nos toca enfrentar un doble desafío. Por una parte, a través de iniciativas diversas, discutir y hacer valer “hacia fuera”, en el escenario público, los tópicos y las posiciones que nos parece esencial plantear hoy como relevantes en el debate político-cultural contemporáneo. Por otra, con la misma exigencia y sentido crítico con que nos proyectamos hacia el exterior, saber mirar hacia nosotros mismos, sin animosidad, por cierto, pero también sin complacencia, a fin de que esa voluntad crítica y creativa que estuvo presente desde los comienzos de nuestro Club, perdure y se acreciente. Nos comprometemos hoy a hacernos cargo de ese desafío.

 

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