Club de Cultura Socialista José Aricó
  Declaración de Principios
 

Esta Declaración de principios fue aprobada en la Asamblea constitutiva del Club de Cultura Socialista, que tuvo lugar en Buenos Aires, en julio de 1984. En esa misma oportunidad se eligió la primera comisión directiva integrada por José Aricó, como presidente, Beatriz Sarlo, como vicepresidente, y Carlos Altamirano, Marcelo Cavarozzi, Rafael Filipelli, María Teresa Gramuglio, Ricardo Graziano, Ricardo Nudelman, José Nun, Juan Carlos Portantiero y Sergio Rodríguez, como vocales.

1. Los abajo firmantes hemos convenido en fundar el Club de Cultura Socialista como un centro de análisis y discusión de los problemas políticos, sociales y culturales de la sociedad argentina. Provenientes de diferentes experiencias y tradiciones políticas, encaramos esta iniciativa con la certidumbre de que las posiciones socialistas no superarán su colocación periférica en el escenario nacional ni su reiterada tendencia a la disgregación e incapacidad política si no abren paso a una nueva reflexión teórica y a una nueva cultura política en el área de la izquierda. El Club de Cultura Socialista, que funcionará como una institución civil y pública, aspira a contribuir a esa renovación atrayendo el esfuerzo de todos aquellos que se interroguen críticamente sobre el significado actual del socialismo como identidad ideológica, cultural y política.

2. La democracia y la transformación social estarán en el centro de las preocupaciones del Club, que estimulará en torno a estas cuestiones una búsqueda radical, desprejuiciada y laica, es decir, ajena por completo a las querellas doctrinarias sobre la ortodoxia teórica y política. El lugar privilegiado que le conferimos a la cuestión democrática tiene para nosotros un doble significado. En primer término, el del reconocimiento de que sólo en un contexto democrático puede expandirse un movimiento social de izquierda que impulse la transformación y adquiera una presencia relevante y hasta determinante en la vida de la sociedad argentina. En segundo término, el de la reafirmación de nuestra certidumbre de que el conjunto de libertades civiles y políticas asociadas con el funcionamiento de la democracia constituyen un patrimonio irrenunciable para una perspectiva socialista, aunque ese patrimonio requiera en forma imprescindible de su innovación y enriquecimiento, como por otra parte lo demuestra la experiencia histórica. Esta afirmación conlleva la ruptura más clara con todas aquellas concepciones que reducen dichas libertades a instrumentos indisociables del capitalismo, con un valor apenas contingente e instrumental, y a los que se debería renunciar en nombre de fines considerados superiores y absolutos.

3. Desde esta perspectiva, ni la cuestión nacional ni la cuestión social pueden ser consideradas como exigencias contrapuestas o preliminares a la democracia, pues únicamente en el espacio que ésta abre es posible elaborar y discutir públicamente opciones de desarrollo independiente o de reorganización social que articulen las aspiraciones y los movimientos de la sociedad. Pero ni la incorporación del tema democrático es por sí sola suficiente para definir una nueva identidad de izquierda ni el impulso democratizador podrá ser llevado hasta la raíz de las relaciones sociales sin la presencia de una corriente que tenga en su horizonte la utopía de otra sociedad más justa, más libre, más abierta. Históricamente, el concepto y la acción de la izquierda asociaron la crítica del capitalismo -y de la desigualdad que el dominio de éste produce en la distribución de la riqueza y el poder- con el proyecto de una sociedad distinta, de una organización diferente de las relaciones entre los hombres: el socialismo. Esta dialéctica de crítica y transformación, que resurge constantemente de los conflictos y de los dilemas de la sociedad moderna, constituye también un patrimonio irrenunciable para una identidad de izquierda. No obstante, hoy se trata de investigar qué reelaboración debe sufrir, de cuáles instrumentos teóricos y políticos debe apropiarse para obrar y avanzar en un mundo que ya no es el del siglo XIX, ni siquiera el de las primeras décadas del siglo presente.

4. El mundo actual es distinto, en su estructura y en su complejidad, por las modificaciones técnicas, sociales y políticas que reorganizaron el capitalismo de los países centrales, por la extensión inaudita del proceso de formación de Estados independientes en áreas antes coloniales, por la existencia de los “socialismos realizados”. A ese mundo, con sus tensiones y antagonismos, pertenece nuestro país, que se halla integrado en él como parte de la periferia capitalista. Estamos convencidos de que la ruptura de este lazo y nuestra realización como nación de democracia social avanzada, no puede ser ya -en el caso de que alguna vez lo haya sido- la recuperación de caminos antes recorridos. El mundo del presente está atravesado por una crisis de civilización que puede estallar bajo la forma nada imposible de un holocausto. En ese sentido, para poder siquiera pensar un futuro de libertad e igualdad para la sociedad humana, la conquista de la paz aparece como prioridad número uno de los socialistas.

5. Así como resulta imposible e impensable un retorno a condiciones “premodernas” que resuelvan la impasse en que está metida la sociedad del presente, resulta evidente para quien sepa leer en la prosa del mundo que insistir en un camino de desarrollo que potencie indiscriminadamente la supuesta necesariedad de los procesos económicos, científicos y tecnológicos tal cual ellos se dan, no es sino una forma de reproducir la crisis. Para encontrar el paso humano de las cosas hoy es necesario pensar posibilidades nunca exploradas, alternativas no recorridas, que permitan aceptar la contradictoriedad de lo moderno. Y sólo así es posible indagar por los caminos que permitan adecuarla a las necesidades de los hombres. Porque somos parte de la crisis y porque no podemos ya confiar en que exista un camino que nos permita “alcanzar” a las grandes democracias occidentales, los argentinos, como los latinoamericanos, quizás tengamos ante nosotros una posibilidad inédita de imaginar y recorrer un camino alternativo al seguido por los países centrales, prisioneros como están de una dinámica incontrolada y perversa del desarrollo y de una forma enajenante de la vida social. Pero explorar estas sendas requiere abandonar un estéril chovinismo que nos ciega ante los hechos del mundo. Sin la creencia en que tenga destino alguno por realizar, sin la confianza en que está escrito en el libro de la historia un designio de felicidad para su pueblo, Argentina debe encarar con capacidad crítica y autocrítica la superación de su larga crisis, en el interior de un mundo en crisis, enfrentando el problema de la superación de la dependencia económica y el establecimiento de las garantías del Estado de Derecho, pero también el de una profunda e inteligente participación popular sin la cual el orden acaba siempre por convertirse en despotismo.

6. Pensamos que alrededor de estos problemas debe discutirse una izquierda que quiera avanzar proponiendo opciones y sin la ilusión de que su hora sólo puede abrirse paso con el fracaso del curso democratizador abierto en el país. Por eso rechazamos enfáticamente a aquellas posiciones que fetichizan a la violencia como instrumento de los cambios históricos y que proponen una reducción de los temas de la política a los temas de la guerra. Pero una izquierda que pugne hoy por la transformación de la sociedad no puede hablar de socialismo únicamente en tiempo futuro, porque ese proyecto tiene una historia que no es sólo la de una idea sino también la de una realidad social y estatal. Y una nueva cultura socialista que conlleve una nueva concepción del cambio y de sus instrumentos, sólo puede elaborarse a partir de la crítica del espíritu y de las prácticas estatalistas y autoritarias que dominaron las sociedades postcapitalistas de este siglo. Revisar ese legado estatalista, patrimonio tanto del leninismo y sus variantes cuanto de la socialdemocracia, que hace del Estado el instrumento privilegiado -por no decir único- de la transformación social y que concibe al socialismo como un orden que se construye de arriba hacia abajo, es una de las condiciones de innovación para no caer en los estereotipos del pasado y ser víctima de sus efectos totalitarios.

7. El Club de Cultura Socialista propiciará el debate pluralista en torno a todas estas cuestiones que giran alrededor de los grandes temas de la democracia y de la transformación social. La afirmación pluralista implica el rechazo de todo principio de ortodoxia que proporcione el criterio para medir la verdad o el error entre posiciones divergentes. Quienes hemos resuelto dar vida a esta asociación pensamos que la cultura de una izquierda dispuesta a confrontarse con los problemas de una sociedad compleja como es la argentina, cuyos múltiples conflictos y dilemas no pueden ser reconducidos a una sola matriz -sea económica o política- únicamente puede elaborarse a través de una forma distinta de organización de la búsqueda, en la que la diversidad de opiniones y voces constituye un requisito imprescindible. Las iniciativas y las actividades del Club de Cultura Socialista realizadas bajo la forma de debates, seminarios, conferencias, cursos, publicaciones, llevarán ese espíritu de investigación abierta y democrática que se aplicará también sobre sus propios principios, declaraciones de propósitos y definiciones programáticas.

8. Podrán asociarse al Club de Cultura Socialista todos aquellos que estén de acuerdo con los lineamientos aquí expuestos, que acepten los estatutos que el organismo se dé y que aporten las cuotas que se establezcan para el sostén de sus actividades.

Otros
Anexo a la "Declaración de principios"

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